Un sol amable acaricia el patio
de la granja. Hay mesas ocupadas
en torno a la palmera protectora,
caras alrededor que me son familiares.
En cada una, el rastro de una ausencia:
en los ojos de todos continúa
alguien que ya no está. Y también yo
sé a quiénes llevo en la mirada,
y pienso en los que a mí me acogerán,
muy pronto, en sus ojos. Qué acabaremos viendo?
Confiados, los gorriones picotean
buscando por el suelo y en las mesas vacías.
Al verlos sé que los asocio
con aquella pobreza de la infancia
que, siempre y sin piedad, vuelve al final.
De "Animal de bosque"