están cerrados todavía, pero la memoria vuelve,
cuando una voz me llamó en sueños.
Voz lejana y sin embargo parecía venir
de una boca muy cerca de mi boca,
y mover el aire junto a mi respiración.
Decía: «Ada», «Ada», solo eso, en dos
notas de irresistible dulzura.
Oh, no era de este mundo. No hay nadie
que me llame, en el mundo. Una celeste
serenidad reía en aquella voz
tan distinta a cuando estaba en la tierra
y me hablaba de amor. En mi sueño
no la reconocí; y no respondí.
Pero volverá. Había venido para decirme
(cuanto más lo pienso más lo creo, de corazón)
que llega la hora: que esté preparada; y que nada
lleve conmigo, excepto el ardor antiguo.
Estoy preparada. Y por la certeza
de volver a escuchar mi nombre en esa voz,
ahora vivo; para seguirla. Quede el cuerpo,
que tanto lloró; y que lo recoja el alba.
De "Vespertina"
En "El inmenso azul"