como un rayo en plena tormenta.
Y las palabras, la noticia
se clavaron en mi pecho,
el teléfono resbaló de mis manos,
se estrelló contra el suelo
al mismo tiempo que algo dentro de mí
se rompió en silencio.
Los recuerdos vinieron de golpe
como una avalancha imparable,
se amontonaron, se atascaron,
quisieron pasar todos a la vez
por la estrecha puerta del alma.
Y no hay espacio suficiente.
Vivo con un nudo en la garganta
y lágrimas que no brotan.
El dolor es un océano sin orillas
me ahoga el pecho, quema
cada respiración en una lucha
contra el vacío que has dejado.
Las lágrimas me nublan la mirada
y un torrente amargo desciende por mi garganta
de la verdad que no se quiere aceptar.
La realidad se desdibuja para siempre
y en mi interior solo quedan cristales.
De "Volcán y cristales"